Por ANDRÉS TAPIA

Hay una fotografía de Lance Armstrong que recuerdo con tanta precisión como si fuera la imagen del día en que por primera vez pegué un home run. En ella se aprecia al ganador de siete Tours de France, con su eterno maillot amarillo, subiendo una pendiente mientras de la nariz le gotean tres gruesas gotas de sudor.

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Por ANDRÉS TAPIA

La definición más simple y cierta que tengo de la música, la recibí de un hombre regordete, pequeño y talentoso que al día de hoy debe estar muerto. Se llamaba David. David D’León.

Tenía yo entonces 12 años, una guitarra que me había regalado mi padre y faltaban tres meses para que Mark David Chapman asesinara a John Lennon.

Por ANDRÉS TAPIA

¿En qué caso un depredador, teniendo opción de escoger entre una presa fuerte (un joven adulto) y una débil (un cachorro o recién nacido), seleccionaría a la primera? La pregunta parece retórica, pero no lo es. La respuesta lo es mucho menos: en ninguno. En la naturaleza de cualquier depredador, incluso el más temible (el ser humano, por supuesto), subyace el instinto de conservación. Dicho instinto sugiere, ordena, exige no arriesgarse con la presa más fuerte teniendo ocasión de elegir a una más débil.