Por ANDRÉS TAPIA

Apreciable Miguel Ángel:

Alguna vez, un amigo alemán, Martin Spiewak, me dijo: “Sólo podría vivir en Hamburgo, en Berlín y en la Ciudad de México”.

Martin vivió en la Ciudad de México o, siendo precisos, muy cerca de ella, en Ciudad Nezahualcóyotl. Pero no hay imprecisión en esto: la vida de Martin se desarrollaba mayormente en la Ciudad de México a la que había acudido como consecuencia de un intercambio universitario.

Anuncios

Por ANDRÉS TAPIA

–Si ese avión despega y tú no estás con él, te arrepentirás. Quizá no hoy, quizá no mañana, pero será pronto y por el resto de tu vida.

–¿Y qué hay de nosotros?

–Siempre tendremos París. No la teníamos… la habíamos perdido, hasta que llegaste a Casablanca. Y la recuperamos anoche…

Por ANDRÉS TAPIA // © Guy Le Querrec/ Magnum Photos

Era 1976. Desde una ventana del número 38 de la Köthener Straße, en Berlín, David Bowie miró a una pareja besarse. Él era estadounidense y ella, alemana. Detrás suyo se erguían el Muro de Berlín y una torreta de vigilancia. No estaban tan cerca como para provocar a los vigías de la Alemania Democrática, pero a Bowie, en su cabeza, así le pareció.

Por ANDRÉS TAPIA

La chica recogía basura.

Era el 2 de julio del año 2005 y, tal vez, el reloj marcaba las cuatro de la tarde o algo así.

Un par de días atrás había llegado a Londres para cubrir el concierto de Live 8. Paul McCartney, U2, Madonna, Pink Floyd, The Who, Robbie Williams, Bob Geldof, The Stereophonics, Elton John, Coldplay, Richard Ashcroft, R.E.M.… Nombren a quien crean que me haya faltado, les aseguro estuvo ahí.

Por ANDRÉS TAPIA

“¿Por qué hay mexicanos tan malos? Entiendo que hay algunos de nosotros que no somos buenos, pero la mayoría, pues sólo queremos cruzar para ir a trabajar a Estados Unidos y traernos unos dólares pa’ nuestras casas.

“Y luego, pues sí, entre los malos también había extranjeros, había guatemaltecos. También había mexicanos secuestrados, como once, sí, un día había once, luego llegaron más.

“Sólo quería un trabajo para pagar mis deudas. Pero ya no quiero nada”.

Por ANDRÉS TAPIA

¿En qué caso un depredador, teniendo opción de escoger entre una presa fuerte (un joven adulto) y una débil (un cachorro o recién nacido), seleccionaría a la primera? La pregunta parece retórica, pero no lo es. La respuesta lo es mucho menos: en ninguno. En la naturaleza de cualquier depredador, incluso el más temible (el ser humano, por supuesto), subyace el instinto de conservación. Dicho instinto sugiere, ordena, exige no arriesgarse con la presa más fuerte teniendo ocasión de elegir a una más débil.